Nací en Pamplona un caluroso cuatro de mayo, y desde entonces resido en el pequeño municipio de Ziordia (Navarra). Me considero una persona muy rural a la que le gusta el campo y la montaña, lejos del mundanal ruido de la ciudad. Siempre me han agobiado los tumultos y las ciudades llenas de gente, aunque hoy en día resulte muy difícil encontrar gente joven que piense como yo. Y es precisamente en el monte donde pase la infancia y la adolescencia, puesto que el colegio que me ha visto crecer se encuentra a las afueras del pueblo, en el mismo monte.
Lo pase bien aquellos primeros años, y es allí donde aprendí mi segundo idioma, el euskera. Aunque bien es cierto que en aquella época tuve más de un problema porque era un niño bastante revoltoso e inquieto. Mí día a día consistía en jugar con los amigos, intentar ganar las peleas que tenia contra mi hermano Joseba e ir al pueblo de mi abuela los fines de semana a comer un buen plato de alubias con chorizo.
Conforme pasaban los años iban sucediendo acontecimientos importantes como: el nacimiento de mi hermana Leire, el cambio de colegio de la ikastola al instituto, los nuevos amigos, etc. Además, el colegio cada vez era más duro y me exigía más tiempo y esfuerzo. De hecho, uno de los inconvenientes que tuve fue la dificultad para aprobar el bachillerato. Mis calificaciones eran bastante bajas a pesar de que dedicara bastante tiempo al estudio. Pero tanto mis padres como mis profesores me enseñaron a ver que los límites solo existían en la mente y que podía hacer todo lo que quisiera. Por lo que gracias al esfuerzo y al trabajo puede cambiar, y desde entonces aprendí a no sentirme inferior a los demás.
Fue a los 18 años cuando comencé mi nueva etapa en la Universidad de Navarra cursando Magisterio de primaria y pedagogía. Como cualquier adolescente de la época, tuve muchas dudas sobre cuál sería mi futuro profesional. Al principio quería estudiar magisterio deportivo ya que desde pequeño me han fascinado los deportes, y siempre he tratado de implicarme en varios deportes diferentes. Pero con el tiempo fui decantándome por la rama educativa, ya que siempre me ha gustado ayudar a las personas y enseñar todo lo que sé. El día de mañana me gustaría transmitir a los niños parte de mis conocimientos y ayudarlos en todo lo que me sea posible, cooperando a que tengan un buen futuro.
La incorporación a la universidad supuso un cambio radical, ya que tenia que viajar 52 kilómetros todos los días desde mi pueblo hasta Pamplona lo cual me costó trabajo adaptarme. Además, tenía que cambiar el idioma en el aprendizaje y conocer gente nueva. Pero, con el transcurro del tiempo pude adaptarme adecuadamente, además de que me fascinaban todas las materias y la forma de dar clase de los profesores. Por si fuera poco, la universidad me consolido como estudiante, mejoré mucho pues ya aprendía por el placer de saber y ya no lo veía como un requisito solicitado por mis padres, sino que como una cuestión de convicción. Significo un cambio en lo que yo entendía como manera de vivir, y me ayudo a abrir los horizontes.
En cuanto a mi personalidad, tengo que decir que soy una persona inquieta y con ansias por aprender y entender nuevas cosas para llenar esos vacíos. Me gusta mucho trabajar con gente y conocer a la gente para poder sacar lo mejor de cada uno. Y tengo bien presente que para salir adelante se requiere esfuerzo y responsabilidad. Por ello, quiero crecer y seguir llenándome de nuevos conocimientos, ya que tengo muchas ilusiones por delante. Quiero llegar a ser una persona con opiniones y estilo muy personal, y aprovechar al máximo las oportunidades que te da la vida. Seguir estudiando es mi objetivo ahora mismo, y salir al extranjero es algo que me gustaría hacer una vez que haya terminado la carrera.
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